domingo, 30 de marzo de 2014

GALLETAS DE MUESLI

CAL 342,2 · HC 43,5 · PR 11,1 · GR 15,1 [100 GR]





El Soñador y la gata han decidido acompañarme en este paso de página de mi vida, del que os hablaba en mi entrada anterior.

Espaciadas, lo sé, últimamente escribo de higos a brevas porque las mudanzas son agotadoras, y si después de una mudanza, cuando te creías que todo iba a ser paz y tranquilidad y ya estabas tú cogiendo sitio para ponerte cual yogui meditante, te das cuenta de que te has pillado los dedos y de que tus compromisos blogosféricos se te comen... tienes que elegir sí o sí hacerte un #asaltablogs galleteril, que al menos puedas disfrutar de un café con galletitas y devolver tu karma a su sitio.

La cosa es que ando como desubicada. Mi horno, mi amado horno de los últimos 8 años, tuvo un fatal accidente en el traslado, y descansa en paz en el punto limpio. No era un horno muy especial, pero era el mío. Y yo lo conocía. Y él me conocía a mí. Y ambos sabíamos que 225º para nosotros significaba 200º y que función gratinado era una broma de mal gusto del fabricante. Pero eramos tan felices!

No pasa nada, en verdad, la casa a la que me mudé también tiene horno. Que no es el mío, pero es un horno. No tiene la puerta pegada por dos sitios con pegamento extrafuerte, y no tiene marcas en la base que no se quitan por más que rasques, y tampoco hace un ruido como de turbina de avión. Es más anodino, más del montón.

Pero funciona. Y no veais como. La primera tanda de galletas, carbonizadas. De lo bien que va [y de que olvidé bajar la temperatura y este horno tiene el límite muy por encima de los 225º]. Carbón carbón, del de la estufa, ni rascando con un cuchillo aparecía una galleta debajo.

La segunda, resuelto el error, quedó bien. Y es que este horno no se apaga solo, que esa es otra. El otro lo podía dejar programado y salir, que se apagaba solito. Con este ya nos hemos tenido que levantar una vez a la una menos cuarto de la madrugada para sacar un pan metido a última hora y que era nuestro desayuno del día siguiente.

La gata cree que se nos ha ido la olla. Cada vez que horneo algo, para calcular el precalentado, me veis con el termómetro de horno vigilando el cristal cada 5 minutos. Tengo que tener un temporizador que me avise de cuanto son 10 minutos en el mundo real y no en mi cabeza despistada y sin noción del tiempo.

Y hoy he vuelto a quemar ligeramente el pan, porque aún no controlo la altura más adecuada de la bandeja.

Pero todo va bien. En cuanto encuentre el lugar idóneo de esta casa para hacer fotos con una buena luz [estoy en ello...] será perfecto.

Así que aquí tenéis, las galletas de la segunda bandeja, las que sí se podían comer, las que son dignas de ser un asalto bloggero a Postres Originales


INGREDIENTES
[2 BANDEJAS]

Harina integral de trigo, 290 gr
Mantequilla, 75 gr
Muesli, 100 gr
Levadura, 7 gr
Azúcar, 120 gr [usé su equivalente en sacarina líquida]
Huevos, 2 ud


Nada como un rodillo regulable para estirar masas... son divinos.



MODUS OPERANDI

Cortamos la mantequilla en dados, y la dejamos atemperar un buen rato fuera de la nevera. No la necesitamos líquida, solo un poco blanda.

En un bol, ponemos la harina, el azúcar [si usamos sacarina líquida la pondremos con los huevos] y la levadura, y sobre la mezcla echamos la mantequilla. Mezclamos todo con las manos, hasta tener una mezcla con aspecto de arena gruesa.

Añadimos a esta mezcla los huevos, y amasamos hasta que se integren. Yo me ayudé de un robot amasador, pero se puede hacer con las manos.

Una vez lo tengamos, añadimos el muesli a la masa y lo integramos. Podemos añadir una gota de leche si vemos que es imposible trabajar la masa, pero sin pasarnos! Hacemos un rulo y lo envolvemos en papel film, lo metemos en la nevera y dejamos que pasen 30 minutos, no es necesario más.

Pasado este tiempo, sacamos la masa de la nevera, la estiramos [usé un rodillo ajustable y puse 1 cm de alto] y cortamos como más nos apetezca.

Para esta altura de galleta, se hornean a 180º unos 15-20 minutos, con el horno previamente calentado, claro!

viernes, 28 de marzo de 2014

SEMLOR [SEMI-INTEGRALES DE TRIGO Y ESPELTA]

CAL 236,8 · HC 40,0 · PR 7,5 · GR 6,1 [POR BOLLITO, SIN RELLENO]
CAL 451,0 · HC 57,3 · PR 12,5 · GR 21,7 [POR BOLLITO, RELLENO]








Esta mañana, mientras desayunábamos, ocurrió lo inevitable. Lo que antes o después, tenía que pasar.

Dentro de un apetecible panecillo, nos encontramos un invitado inesperado. Uno delgadito, y largo. Muy largo. Un cabello delatoramente negro. Enrolladito y escondido, que estaba.

El Soñador me miró con una media sonrisa y me preguntó discretamente si usaba productos en el pelo, aunque él sabe que no, que ni laca ni espuma ni colonia, na de na.

Y es que en casa somos tres, pero el pelo negro es patrimonio de una servidora. La gata por su parte tiene algún pelo negro en su cola tricolor, pero no iba a ser muy factible convencer a su señoría de que un pelo del largo de digamos... una media melena [ejem] sea de ella. Vamos que lo tenía claro, solo podía poner cara de culpable.

Y mira que me ato todos los pelos con cualquier tipo de pinza, goma o pañuelo antes de entrar a la cocina, pero tenía que llegar el día...

Menos mal que estamos en familia y aquí no pasa ná, se retira el cabello, se ríe uno y continúa desayunando.

Peor ha sido cuando me ha pasado fuera de casa, que alguna vez me he enfrentado a situaciones peliagudas.

En un restaurante [tirando a caro], cenando, me encontré un pequeño pelito de ceja o pestaña dentro de una bolita de coco. Vale, no quiero parecer exagerada, pero son cosas que no me gusta que me pasen. Lo que me molestó, no fue el pelo, ni mucho menos, esto puedo entenderlo [por supuesto que sí] sino la actitud arrogante y descarada de la camarera. Tardó casi 15 minutos en volver y en lugar de disculparse me soltó en un tono muy impertinente Entonces quiere otro postre o no quiere nada? No he vuelto, no tuvieron ni el detalle de no cobrarnos el otro postre o invitarnos a un café, qué menos.

Y donde como a diario [bar con menú del día, cortesía de mis jefes] van cuatro veces que saco un pelo del plato. Vale, en 7 años no es cosa de montar un pifostio pero no deja de mosquearme que la cocinera use el gorro de cocina como una boina francesa.

Mucho peor fue en una estación muy concurrida de Madrid, donde me encontré un bicho flotando en mi café con leche, y cuando se lo enseñé todo lo educadamente que fui capaz a la camarera, hizo un gesto de asco, lo tiró, dijo mierda, otra vez y me puso otro! Lo tiré en la primera papelera que vi. Que asco!

Y os podría hablar de un bar, al que, que a pesar de lo que os voy a contar, todavía voy a veces. El bar en cuestión es muy barato, y pone unas tapas muy generosas con la caña. Ya despertaba cierta inquietud el hecho de que a veces nos pusieran aperitivos [siempre fritos] y después de morderlos, masticarlos, saborearlos... siguiéramos sin tener la certeza de si estábamos comiendo carne o pescado. Pero ay el día... el día que nos salió una cucaracha corriendo por encima de la barra fue cuando nos empezamos a preocupar... tardamos un tiempo en volver. Desde entonces es el bar de las cuquis. Por ponerle humor al asunto.

Al que no hemos vuelto es a uno en el que nos encontramos un clavo oxidado que formaba parte de un pincho, eso nos pareció demasiado... no quiero saber en qué circunstancias acabó ahí.

Lo cual me recuerda a mis años de estudiante, al año en que viví en una residencia de monjitas... las comidas de ese sitio merecen una entrada para ellas, pero sólo os contaré que las monjitas, además de servir cenas, cosían. Y se ponían alfileres en la solapa de los hábitos. Los mismos hábitos con los que después nos servían la cena. Hasta el día en que un alfiler cayó en la ensalada. Y casi se lo come una chica. En fin.

Que me lío, y no os doy la receta. Los Semlor son unos bollitos maravillosos llenos de cardamomo, y os traigo la versión de Uno de dos, más ligera y con un toque integral, de espelta que me parece una harina aromática que combina a la perfección con los sabores cítricos como el del cardamomo, con las cantidades de líquido debidamente ajustadas para estas harinas que he usado. He sido un poco tacaña con la pasta de almendras, pero si sois unos viciosos le ponéis más.


INGREDIENTES
[8 SEMLOR DE 80 GR]

Para los bollos
Harina blanca de trigo [panificable], 200 gr
Harina integral de espelta, 200 gr
Levadura seca de panadero, 7 gr [o 25 gr de levadura fresca]
Levadura química [tipo Royal], 4-5 gr o media cucharadita
Leche desnatada, 170 gr
Mantequilla, 40 gr
Fructosa, 30 gr [o 50 gr de azúcar]
Cardamomo, al gusto
Huevo, 1
Sal, 4 gr

Para el relleno
Almendra en polvo, 50 gr
Azúcar, 50 gr
Leche, 50 ml
Nata para montar, 200 ml
Azúcar, 70 gr [o sacarina equivalente]




MODUS OPERANDI

Lo primero primeroso, es calentar ligeramente la leche y disolver en ella la mantequilla. En un bol, preparamos la fructosa [o azúcar] y el cardamomo previamente reducido a polvo en el mortero.

Comprobamos que la temperatura de la leche no supera los 37º [si metes el dedito y no te quemas puede servir] y añadimos la levadura de panadero. Si la leche está pasada de temperatura, puedes arruinar la levadura y no sería una buena idea.

A esta mezcla, añadiremos el azúcar o fructosa con el cardamomo, y el huevo, y lo mezclamos todo bien.

En  un bol mezclamos las dos harinas, con la levadura química y la sal, y le añadimos todos los líquidos. Mezclamos hasta que se pueda amasar, y lo pasamos a la encimera.



Amasamos hasta tener una bola lisa y suave, y lo dejamos reposar dentro de un bol previamente aceitado, y tapado con papel film, hasta que doble su volumen. Tiene mucha levadura, si no estás atento te invadirá la cocina. Tardará entre 60 y 90 minutos [algo más si hace mucho frío en tu casa].

Cuando veamos que ha doblado su volumen [la mía triplicó el suyo] la desgasificamos suavemente, sin desgarrarla, y la dividimos por la mitad, cada mitad la volvemos a dividir en dos, y la dividimos una vez más hasta tener 8 porciones de unos 80-85 gramos. Usaremos una rasqueta afilada o un divisor de masas; si no tenemos, usamos un cuchillo afilado, nunca se desgarra una masa con las manos, ni se retuerce ni se tira de ella. Porfaplis. Tratemos con cuidado a nuestra pequeña.



Ya tenemos 8 porciones de masa del mismo tamaño. Vamos a bolearlas, con cuidado, las plegamos desde los bordes hasta el centro [en las instrucciones del roscón republicano tenéis un paso a paso de como hacer esto] y las rodamos sobre la mesa dejando las costuras en la parte inferior.

Las depositamos en una bandeja, las cubrimos con papel film y las dejamos levar por segunda vez. Tardarán poco, 30-40 minutos.

Pasado este tiempo, podemos pintarlas con mucho cuidado y un pincel de repostería, con huevo batido o con leche, y darles un acabado más brillante. No lo hice porque pensaba cubrir mis semlor con azúcar glas.

Los semlor se hornean a 200º unos 10 minutos, y se dejan enfriar sobre una rejilla.

El relleno




Mezclamos la almendra en polvo, el azúcar y la leche hasta tener una pasta densa. La leche la ponemos poco a poco, por si necesitara algo menos. El acabado es una pasta maleable pero densa, con la que se pueda hacer un relleno sin que se nos desparrame por los bordes.

Cogemos el primer bollito, y le abrimos el copete. Se puede hacer con un corte plano, en diagonal [el mío], en triángulo [los típicos] o como más te guste.

Con un sacabolas [si tenemos, si no, una cuchara nos servirá] retiramos un poco de miga del centro, para hacer sitio a la pasta de almendra. Si la pasta queda líquida y no hay manera de espesarla, podemos usar la miga para darle cuerpo. Si no... nos la comemos, que narices.

Rellenamos el hueco con la pasta de almendra, la cubrimos con nata montada y azucarada [si la aromatizas con un poco de cardamomo te mueres del gusto], ponemos el copete del semlor y lo espolvoreamos con azúcar glas.

Los semlor se comen tradicionalmente sumergidos en un tazón con leche. Cuando han absorbido la leche, se coge una cuchara y se disfruta sin fin. Que esto al fin y al cabo es como el pan migado de nuestros abuelos, pero en sueco.



Receta para Bake the world

jueves, 6 de marzo de 2014

BERENJENAS LA BOHEMIENNE [SOLTANDO LASTRE]


CAL 106,8 · HC 11,1 · PR 2,5 · GR 8,0 [POR RACIÓN]






A veces voy por la vida sin pensar.

Hace 8 años, tomé una decisión que cambiaría mi vida hasta hoy [la sigue cambiando...la sigue cambiando].

Mis padres ya me lo advirtieron: Toma tus propias decisiones, actúa conforme a lo que creas que debes hacer. Pero una no siempre se encuentra escuchando lo que le dicen. Y a pesar de que no me pareció una buena idea, firmé aquel contrato de préstamo hipotecario.

Hace 5, me descubrí a mí misma sufriendo las consecuencias más perversas de aquella decisión. Y descubrí que las separaciones sólo afectan a las personas, y las hipotecas se quedan en mitad de todo el caos, flotando en una neblina que te envuelve y no te suelta. [Especialmente, las hipotecas burbuja. Esas que secuestraron nuestras vidas a cambio de pisos de valores imposibles, por los que debemos más del doble de lo que nos darían si los queremos vender, que son como grandes espinas que nos atraviesan de lado a lado].

Desde que comencé a caminar sola [y feliz, y muy libre, que esto no es una historia fea de peleas y desencuentros, solo es un punto de inflexión de dos personas que entienden que no pueden caminar juntas porque lo hacen en direcciones opuestas] lo hice desde el mismo sitio en el que ya por aquel entonces me empezaba a sentir atrapada: la casa que compré en común con el que fue mi pareja.

Razones hay muchas, y me las he repetido en voz alta, en voz baja y hasta en sueños. Tenemos que vender la casa, y para eso hay que enseñarla, no podemos permitirnos mantener el piso vacío con su correspondientes gastos, si la alquilamos imposibilitamos la venta... y él tiene donde ir mientras que yo no... y llegamos a un acuerdo: yo me quedé en la casa, asumiendo una parte importante de los gastos como contrapartida al uso que hago de ella. Pensaba que era una solución temporal.

5 años después, la temporalidad me resulta densa, larga, interminable. Y la he roto. El Soñador me ha ayudado, a saber que lo necesitaba, y a entender que era necesario hacerlo. Y aquí me nos teneis, recomenzando de nuevo. Y el porqué de mi ausencia, es ese. Tres semanas visitando entre dos y cuatro pisos diarios. Poniendo y quitando criterios de corte. La calefacción, imprescindible. La proximidad al metro, negociable. El tamaño, se puede ver. El vecindario, cualquiera. La luminosidad, nada que negociar. Amueblado o no, nos buscamos la vida. Con árboles cerca. Se admiten mascotas. Por favor por favor por favor que la cocina sea amplia.

Etcétera, etcétera, etcétera.

Y por fin.

El piso de nuestros sueños se materializó. Y empezó el kaos. Con K.

Se apilaron cajas, cajas y más cajas en el salón. La mesa de comer quedó oculta bajo la montaña de cajas vacías, después llenas, vacías otra vez. Vuelta a empezar.

¿De donde salen todas esas cosas? Nadie lo sabe.

Platos. Vasos. Sábanas. Paso de llevarme las copas, ahí se quedan. Relojes. Cuadros. Manteles. Cubiertos. La cafetera. El molinillo del café. Tarros y más tarros [alcaravea, anís estrellado, hinojo, cardamomo, varios tipos de curry... todo llevado de un lado a otro dentro de cajas, maltratado, estrujado, apilado, transportado y recolocado]. Las mermeladas. La ropa. Y los zapatos. Claro, y los bolsos, las pulseras, los pendientes. Moldes, cortadores, aromas, mi precioso bundt cake, mis amados rodillos, el molde del pan. Dos ordenadores. Mesas de trabajo. Estanterías. Y un número de comics más obsceno que el de mis cortadores de galletas.

La gata se pasea desconcertada entre el carnaval de cajas que pueblan la casa. Se mete, salta entre ellas, husmea su contenido, curiosea con la patita entre las cosas, está en estado de shock. Le hemos arrebatado su rincón de dormir y su caja de los juegos que ahora está llena de libros [te la devolveremos, palabra].

Hemos perdido su pelota de rayas y los ratones de trapo.

Creo que nos odia, porque no sabe que vamos a un sitio donde hay un pasillo que no existe ni en sus sueños más sucios. Nos amará cuando lo descubra.

El recomienzo es duro. Decidir donde van los garbanzos y donde el sacapuntas para las verduras. Montar muebles [solo uno, pero es tan grande que después de tres horas de trabajo hemos completado 19 pasos de 58], un pequeño infierno lleno de clavos, tornillos y herrajes, además de algunos moratones y mucho dolor de espalda.

Y muy ilusionante. Vivir en una corrala es algo que me resulta especialmente agradable. Los vecinos tienen el patio interior lleno de plantas. Y salir de la puerta de casa directamente al exterior me encanta, aunque sea un exterior de patio, con pasillos y ascensor. Y esas paredes... dejar de ver esas paredes... es lo que más me gusta. Dejar de sentir la presencia de la casa sobre mí, entrometiéndose en mis pensamientos y en mi sueño, recordando a golpe de vivencia que me está ahogando despacito.

Me siento libre.

Y culpable. Hace tres semanas que no visito vuestras cocinas, porque estoy colocando la mía [literalmente]. No cocino nada porque el horno está en una casa, los moldes en otra y las varillas eléctricas en una caja en alguna parte. Confieso que después de muchos años, voy a tener que comprar magdalenas si quiero desayunar algo.

Tengo unas ganas locas de acabar, o de empezar, y de volver a visitaros, y a contaros cosas. A contaros como acaba todo esto, porque es una aventura que puede acabar bien o muy mal, con una casa que queda vacía a mis espaldas y una hipoteca que tendremos que seguir pagando hasta que alguien la ocupe. Pero que empieza, y eso es lo importante: que empiece.

De momento he rescatado de un rinconcito del disco duro que voy a desconectar dentro de muy poco para meterlo en una caja, estas berenjenas. Deliciosas y reconfortantes. Las traigo porque tenía ya cierta necesidad de contaros el porqué de mi ausencia, y deciros que se os quiere y que volveré a vuestras cocinas muy pronto...








INGREDIENTES

Berenjenas, 3 uds [800 grs]
Tomate triturado, 400 grs
Cebolla, una mediana
Ajo, 2 dientes
Laurel, 2 hojas
Alcaparras, una cucharada
Albahaca seca, una cucharada
Aceite, 2 cucharadas [30 ml]
Sal, pimienta


MODUS OPERANDI


Lo primero de todo, es preparar las berenjenas. Una vez limpias, se cortan en cubos de unos 3 cms de lado, y se ponen en un recipiente espolvoreadas con abundante sal [se remueven bien para que la sal impregne todos los dados] para que pierdan el amargor. Se dejan así 30 minutos, se lavan y secan.

En una sartén alta o en una olla, se pone a calentar una cucharada de aceite. Se saltean las berenjenas por unos minutos, entre 5 y 10 será suficiente, y se retiran a un plato.

En la misma sartén, se añade la otra cucharada de aceite, y se pochan a fuego medio la cebolla cortada en juliana, y el ajo picado, hasta que estén blanditos.

Se añade el tomate triturado, el laurel, sal, pimienta y se deja hervir a fuego medio unos 5 minutos. Al cabo de este tiempo, se añaden las berenjenas reservadas, la albahaca y las alcaparras ligeramente troceadas, y se deja otros 5 minutos más o hasta que las berenjenas estén tiernas.

Se sirve caliente o tibio.





Fuente: For the love of food, travel and wine