lunes, 1 de septiembre de 2014

ARROZ SEFARDÍ [CON ARÁNDANOS, GARBANZOS Y MUCHAS ESPECIAS]

CAL 319,1 · HC 65,3 · PR 11,2 · GR 2,2 [POR RACIÓN]



Los que habéis leído mi último post, tal vez os acordéis de esta foto y de su historia.



Recapitulo: Andaba yo divagando sobre las vidas de mis nuevos vecinos, en plan antropóloga de pacotilla, [esto es como marujear pero en fino], cuando de repente, levanto la vista y veo lo nunca visto hasta ahora: mi vecino de enfrente, ha decidido echar 4 gallinas y un pequeño pavo a su balcón.

Qué oportuno, ahora que andaba yo marujeando a toda la blogosfera sobre mis nuevos vecinos, y viene este y me alegra el post con una historia de lo más ocurrente. Así que cogí mi cámara, me escondí tras las cortinas, y asomando solo el objetivo les hice estas fotos [lástima de teleobjetivo que no tengo].

Terminé post y receta, me cambié y me fui al gimnasio como cada tarde a recibir mi dosis diaria de sufrimiento sin el cual, la caña con patatas fritas de después no sería tolerable para mi conciencia-cuenta-calorías.

Y ahí voy yo, mochila en mano, cuando al doblar la esquina de mi portal, levanto la vista y me veo a una de las gallinas en la jardinera... del vecino de abajo. Muerta de risa escribo un whatsapp al Soñador y le pregunto que si prefiere caldo o croquetas para cenar. Tras intentar sin suerte localizar a alguno de los dos vecinos [el dueño de las gallinas o el que tenía a una de ellas en sus jardineras] desisto y me voy al gimnasio, dejando al Soñador al cargo de la situación. Aunque poco se podía hacer.

La cosa peliaguda es que el vecino de abajo, tiene el balcón cerrado y solo sobresalen los hierros de las jardineras antiguas, esas que cuelgan por fuera en las casas viejas, es decirse, que la gallina emancipada andaba haciendo malabares en una jardinera vacía y desangelada, sin poder moverse de ahí.

Decidimos no llamar a los municipales y esperar a que algún vecino llegara y solucionarlo pacíficamente. Porque a pesar de que no es legal hacer esto, tampoco queríamos fastidiar a esta gente que solo quería comer huevos de vez en cuando. Que peores cosas pasamos por alto, y mayores delincuentes pueblan las calles como para andar fastidiando a estos pobres incautos.

Pero mira tú que a la vuelta del gimnasio... me encuentro con que la gallina emancipada ya no estaba. Y los que sí estaban eran los municipales. Cachis. Eso es una multa segura. Alguien había llamado.

El resto de la tarde fue de lo más entretenido, y la pena es que por la noche y con las gallinas moviéndose mi cámara no da para más y no pude hacer fotos nítidas.

Llegan los municipales. Rescatan a la gallina emancipada [esto antes de llegar yo]. Suben al piso del dueño de los animalillos, y empiezan a hacer foto tras foto al improvisado gallinero. Que me puedo imaginar el twitter de los municipales esa tarde.

Al rato, llega el servicio veterinario del ayuntamiento, porque sí, las gallinas no se consideran animal de compañía [que digo yo que esto es un poco injusto, ellos no saben si las gallinas le acompañan a uno o no] y se las van a retirar.

Todo esto con dos coches de municipales aparcados en la calle, y varios agentes de brazos cruzados esperando que esto se resuelva. Que si lían esta para 4 gallinas y un pavo... el día que se escape un bulldog igual llaman al ejército.

Mientras todo esto sucede, las gallinas que no son tontas y algo se huelen, se quieren largar de ahí [el gallinero es realmente rudimentario: un cabecero de cama en un lado y un tendedero plegable en otro... y nada por arriba, y mira que todos sabemos que las gallinas algo pueden volar]. Así que ahí está el municipal del balcón ayudándose de un escobón para azuzarlas cada vez que una asomaba la cabeza por los hierros o amenazaba con desplegar alas. Que contenía una y se le asomaba otra. Como en los videojuegos, pero sin mandos.

Cuando el servicio veterinario las está retirando, otra gallina que se lo veía venir, tuvo sentido común y echó a volar largándose del balcón y dejando plantados a agentes y veterinarios. ¿Y a donde fue? Gallina lista, a la terraza del bar de la plaza.

Y aquí tenéis al agente robocop que estaba de guardia en la calle, que no se mueve de su sitio porque yo no tengo guantes, no la cojo. Y la gallina toda feliz picoteando las patatas fritas que hay por el suelo. Y el tío que nada, que no fue ni a vigilarla por si se iba más lejos.

Al final fue el dueño del bar el que la agarró y se la llevó al servicio veterinario que acababa de bajar del piso con los otros 4 animales. Pero vamos, que el agente, ni acercarse. Madre mía, que yo si un día me encuentro un atracador mejor pido ayuda al dueño del bar, porque al agente... habrá que verlo! A ver como se le acerca sin guantes!

La gente del bar, os podéis imaginar cuando ven una gallina aterrizar entre las mesas. Revuelo, risas, fotos y los niños que se abalanzaron sobre ella en cuanto la vieron [no hubo daños]. Y nosotros, viendo desde el balcón toda la película, que un entretenimiento así no se lo encuentra una todos los días.

Y ese, queridos y queridas, fue el final del gallinero... el balcón vuelve a estar triste y solitario, y desde luego espero que a estos vecinos no se les ocurra ahora hacer alguna locura como criar conejos o caracoles... porque habrá que verlo!





INGREDIENTES
[4 PERSONAS]

Arroz basmati, 160 g
Aceite, 3 cucharadas
Sal
Agua hirviendo, 240 ml
Comino en polvo, 1 cucharadita
Curry en polvo, 1 cucharadita
Garbanzos cocidos, 140 g
Cebolla tierna, 1 pequeña
Harina integral, 1 cucharadita
Arándanos deshidratados, 75 g
Perejil
Cilantro
Eneldo

MODUS OPERANDI

Antes de empezar, hervimos el agua. Pon una poquitina más por la que se pueda ir evaporando. Vamos a organizar un poco de lío de sartenes para hacer este plato, pero valdrá la pena, no desistas por ello!

En un cazo, ponemos a calentar el arroz con una pizca de sal y una cucharada de aceite, y le damos un par de vueltas durante un minuto. Con fuego medio, y poco a poco, vamos añadiendo el agua hirviendo. Primero un cacito, cuando lo haya absorbido otro, y así hasta que la terminemos. Deberíamos tardar 15 minutos.

Tapamos con un paño y lo dejamos reposar 10 minutos.

Por otro lado, en otra sartén ponemos otra cucharada de aceite, añadimos el comino y el curry y le damos dos vueltas rápidas para incorporar los garbanzos, y salar. Los salteamos dos minutos, y reservamos.

Ya tenemos el arroz hervido y reposado, y los garbanzos salteados con las especias.

Ahora en una nueva sartén, esta vez una grande, ponemos la última cucharada de aceite. Cortamos la cebolla en aros, y la añadimos a la sartén junto a la cucharada de harina*. Cuando esté blandita, añadimos a esta sartén el arroz, los garbanzos, los arándanos y las hierbas [lo ideal es que sean frescas].

Servimos inmediatamente.

Si quieres tener este plato preparado con antelación, puedes dejar los garbanzos y la cebolla listos, los arándanos pesados y preparados, y las hierbas cortadas. Haz el arroz antes de comer, y saltea todo junto. Pero no dejes el arroz preparado con tiempo, se estropeará.

*En la versión original se embadurnan los aros de cebolla en harina y se fríen. Yo he optado por una versión muy aligerada, y queda francamente bien. No he prescindido de la harina porque ayuda a ligar los sabores y le da consistencia.





Fuente: Delicious stories

lunes, 25 de agosto de 2014

CREMA FRÍA DE REMOLACHA

CAL 171,9 · HC 26,3 · PR 4,8 · GR 6,1 [POR RACIÓN]




Soy la nueva vecina del edificio.

Bueno, no solo yo. El soñador, la gata y una amiga que vive con nosotros. Poco a poco, nos vamos haciendo al barrio, que es el de antes pero en otra zona más transitada y más viva. Y al edificio.

Hay muchas cosas nuevas que entran a formar parte de tu vida cuando te mudas. Las compañías de suministros corren solícitas a ayudarte a establecer tus nuevos contratos asociados a tu cuenta bancaria. Y poco a poco encuentras un frutero, un charcutero y un todoacien.

Y también nuevo bar para esas cañitas veraniegas y hasta nuevo gimnasio.

Lo más intenso cuando uno se muda, es el nuevo vecindario. Es todo un estudio antropológico el que tienes que hacer cuando hay mudanza de por medio.

Que yo antes, conocía a mis vecinos. Más que nada porque compramos aquellos pisos juntos, y reunión va, barbacoa viene, nos íbamos conociendo. El que pone la tele a todo trapo en la terraza de su ático. La que encarga pizzas a domicilio y baja los cartones a la papelera comunitaria para no sacar la basura. El que es como un fantasma, que sospechamos que trabaja temporadas largas fuera de España. El que aparca el coche y la moto en su plaza aunque no se puede. Y unos vecinos que tienen 5 hijos como 10 salvajes.

Y ahora, vuelta a empezar.

Poco a poco, nos vamos conociendo. El edificio es antiguo, y tiene una corrala en su interior donde dan varias habitaciones de todas las casas, y donde los vecinos ponemos nuestras plantas y algunos, hasta los tendederos plegables.

El administrador del edificio, que además es vecino, y su mujer, son una versión analógica de Radio Patio FM. Ya me han contado vida y milagros de la mitad de mis vecinos, y por supuesto, de mi casera y su difunto marido, véase dedicaciones profesionales desde la mili a la jubilación, hijos, y relación de pareja.

También me hizo un repaso de los que limpian y de los que no, las zonas comunes que nos corresponden a cada uno. Y cuando me dio la llave de la azotea [para tender, prohibido quedarse más tiempo, ni a mirar el horizonte] me advirtió que a veces desaparecía ropa... interior. Glups. Pasé los primeros meses tendiendo las bragas en el radiador.

El vecino de un lado, es el soltero. Un señor mayor, soltero y sin hijos, y la hermana le ha ayudado con la obra de su casa [la han tirado entera y vuelto a hacer, y los obreros me tienen frita de tanto ruido y polvo] porque el piso irá a los sobrinos y claro... por ir adelantando.

Tenemos un caraloco*, un hombre cuarentón con una panza enorme, que camina con la mirada ausente y a veces se queda parado mirando algo y entra como en trance y no se mueve. Va al super, se compra una lata de refresco y unas patatas fritas, y se sienta en la marquesina del autobús a pasar la tarde. No sabemos si se relaciona con los vecinos, pero sí saluda cuando nos ve.

*Para entender caraloco, escuchar Narco

Luego está la del tercero: la de porsiacaso, que el otro día escuchó a mi compañera de piso subir a la azotea, y salió detrás, sigilosa y despacito, para ver quien era. Cuando se dieron el susto [una bajando de tender y la otra subiendo medio a escondidas] le dijo Ay, hija, perdona. Es que oí ruidos y subía a ver por si acaso habían ido a la azotea a beber y a drogarse. Cosa que de momento no tengo constancia que haya ocurrido, más bien me imagino a algún nuevo vecino disfrutando de la noche con una cerveza y unas patatillas, y de ahí habrá degenerado a una orgía de sexo, drogas y alcohol en nuestra azotea. Que nos empezamos a conocer.

Hay otra vecina, la insomne, a la que nos hemos encontrado de madrugada andar nerviosa pasillo arriba-pasillo abajo, encendiendo la luz cada vez que se apagaba [con el eterno agradecimiento de Iberdrola que seguro que le felicita la Navidad] y la puerta de su casa abierta, en actitud de esperar a alguien. Una hora más tarde, mi compañera de piso se la encontró exactamente igual que nosotros, y más que tarde empezaba a ser... temprano.

Y está el recogidito, que cuando ve papeles pegados en el portal o puestos en las puertas los quita. Esto es: registro de contadores de gas, papelitos para apuntar el consumo de agua [ya tengo el mail de la compañía para mandar el suministro, porque el papelito desaparece antes de que lo veamos] y avisos en general.

Y esto.



[He pixelado el  nombre del distrito]

No sé de quien es. He revisado todos los buzones buscando a un Rafael, pero o se ha cambiado el nombre o no lo ha puesto en el buzón. La nota en cuestión apareció en el suelo del pasillo de la corrala, cuando barríamos. Supongo que se voló de la puerta donde lo habían metido y terminó en mi felpudo. Porque aquí, el anterior inquilino no se llamaba así [aún le llegan cartas] y el marido de mi casera falleció hace años, así que por este piso, imposible que sea. No ha habido más inquilinos.

Otra posibilidad, el dueño de la empresa que está haciendo la obra al de al lado. Que yo a ratos también quiero matarlos, ojo, porque me están arruinando las plantas a base de polvo de yeso y además me fastidian mis primeras siestas vacacionales, pero la verdad, que yo me conformo con soñar... Tanto como amenazarles, aún no!

Ah, y olvidaba a los autogestionados. Mirad esta foto de su balcón [el resto es para no perdérselo pero me parece un poco fuera de lugar dar una imagen más amplia sin permiso ni nada... lástima de objetivo chusco de mi cámara]. Que a mí, que conste, esto me parece estupendo. Pero es que cuando me mudé del otro piso yo soñaba con dejar de tener gallinas entre mis vecinos... Estas por lo menos no cacarean de madrugada, están mucho más civilizadas. Que me van a caer bien y todo.


Para quien no lo sepa, esto es Madrid. Y no a las afueras, no... Madrid capital.

En fin, ¿Y vuestros vecinos? ¿Son gente maja? ¿Les podemos invitar a una crema fría de remolacha?





INGREDIENTES

Remolacha fresca, 800 g
Patata, 1 mediana
Cebolla, 1 grande
Aceite, 2 cucharadas
Sal, pimienta
Caldo de verdura


MODUS OPERANDI

Limpiamos y cortamos en dados la remolacha. Reservamos las hojas si son tiernas, porque son estupendas para hacer ensalada, bien limpias y cortadas en juliana.

Pelamos y troceamos la patata, cortamos la cebolla en juliana. En una sartén con un poco de aceite, sofreímos dados de remolacha, patata y cebolla durante unos 5-10 minutos, o hasta que la cebolla esté blandita.

Cubrimos todo con el caldo de verdura, o en su defecto con agua y un concentrado de caldo, y lo cocemos durante 30 minutos.

Retiramos del fuego, lo trituramos lo más fino que nos sea posible, rectificamos sal y pimienta y lo guardamos en la nevera hasta que lo vayamos a comer.

Se sirve bien frío.

viernes, 1 de agosto de 2014

LENTEJAS AL CURRY [LLAVES]

CAL 203,7 · HC 23,0 · PR  9,1 · GR 6,9 [POR RACIÓN]





Si aún no has hecho un gesto de extrañeza, te invito a mirar la foto de nuevo.

Sí.

Es una llave.




No estoy tan chalada como para intentar comer unas lentejas con una llave oxidada. La he traído hasta aquí por una razón.

Hace 4 años, en 2010, inicié una aventura como brigadista internacional, y me fui a Cisjordania a reconstruir las casas que la administración israelí derriba a la población palestina.

Todos conocemos más o menos el conflicto. No quiero entrar en hacer ahora un análisis de la historia, en contarlo detenidamente, primero unos, después otros, y finalmente todos tenemos una parte de culpa, solo que muy desigual [tenemos en primera persona: el silencio es el mayor culpable].

No voy a entrar en juicios que por supuesto hago, porque este no es el espacio para compartirlos. Puedes leerme en Cooking Palestine si quieres saber más cosas.

Hoy, llueven misiles sobre Gaza. Y yo quiero que hagamos una breve reflexión. Van más de mil civiles asesinados [en la tele se llaman muertos, como si nadie los hubiera matado], en un genocidio al que algunos medios de comunicación insisten en llamar guerra, sin serlo. Para que haya una guerra, tiene que haber dos bandos, y lo de Hamás... no lo justifico, pero no es ni con mucho un ejército.

Nuevamente se ocupan más y más territorios a Gaza, esa pequeña franja asfixiada por un bloqueo irracional. En Gaza no entra asistencia de ningún tipo, y si los pescadores se alejan de la orilla para conseguir peces, soldados israelís les disparan con fuego real.

¿Y?

Silencio.

Hoy, quiero traer una reflexión en memoria de todos los palestinos que han sido expulsados de Gaza, los que no volverán a sus casas. Para recordarles, traigo mi propio recuerdo.

La llave.

Hace 4 años, escribí esto:
Las llaves abren la puerta a nuestras vidas. A la ducha de agua caliente, a la taza de té, a esas zapatillas de felpa, a los libros en las estanterías llenas de nuestro polvo y nuestros recuerdos, al rincón soleado donde duerme el gato. A la tibieza de la cama, al tiempo inmóvil de la siesta los domingos. El café, el pan, la almohada y la colada recién planchada están detrás de las llaves, junto a nuestro sillón y nuestro libro.

Todo lo cálido, lo personal, lo amable, la soledad y hasta lo feo y lo triste están tras las llaves. Y todo ello sin excepción, lo amamos.
Se puede decir que una casa es una construcción de cuatro paredes con compartimentos interiores. Pero no es así. Una casa es más que eso, es un hogar. Una casa es risas, juegos, teléfono, conversaciones, café a media tarde, chocolate, trajín de fogones, sueño y cumpleaños en familia.

Por eso las llaves son importantes en Palestina.

Las llaves abren la puerta del pasado vivido, del futuro por vivir.

Los refugiados guardan las llaves que una vez abrieron sus vidas, y las transmiten de padres a hijos. Para que cuando vuelvan a sus hogares, quede un recuerdo de su pasado.

No importa que las casas no existan, o que no tengan puertas. Las llaves no abren puertas en Palestina.
Cuando los palestinos fueron despojados de sus casas, en la Nakba, en 1948, muchos de ellos huyeron con lo puesto. No se llevaron nada, excepto sus llaves. Las llaves de las que hasta entonces, habían sido sus casas. No tienen escrituras, papeles, documentos. Pero ellos transmiten las llaves de generación en generación, para que los hijos de los hijos de sus hijos, puedan volver a abrir las que fueron sus casas.

Compré esta llave a un anticuario en la pequeña ciudad de Nablus, una ciudad que ha vivido durante años el asedio de un puesto de control que mantenía la ciudad cerrada a cal y canto. Una ciudad de mártires, y de supervivientes. Pagué por ella 20 sheckels, y me la llevé con la condición de devolverla a su dueño [que no soy yo, yo solo la custodio] si un día vuelve a su casa.

Fue una condición hecha de aire, ni sé de quien es, ni lo sabe el anticuario, ni la casa cuya puerta abre existirá ya. Pero si un día alguien me llama, y me la pide, me obligo a devolverla. Aunque me la pida el dueño de otra casa. La llave, eso es lo que importa.

#FreeGaza






INGREDIENTES
[4 PERSONAS]

Lentejas, 125 g [peso en seco]
Cúrcuma, 1/4 cucharadita
Jengibre, 1/2 cucharadita
Ajo, 1 diente
Semillas de cilantro, 1 cucharadita
Comino en polvo, 1/2 cucharadita
Comino en semillas, 1/2 cucharadita
Cebolla, 1 pequeña
Tomate, medio
Judías verdes, 120 g
Repollo, 120 g
Zanahoria, 120 g
Cilantro fresco, un puñado
Cayena, al gusto [opcional]


MODUS OPERANDI

La noche antes de comenzar a guisar, ponemos las lentejas en remojo. Debo hacer una advertencia: los tiempos de esta receta son orientativos, yo uso unas lentejas pardinas muy menudas que cuecen bastante rápido. Si las tuyas son más lentas, modifica la receta hasta que queden tiernas.

Empezamos poniendo en una olla bastante grande las lentejas, agua hasta cubrir y un poco más, y la cúrcuma. El agua se puede rectificar más adelante, pero lo idóneo es un dedo y medio por encima de las lentejas. Ahora no vamos a poner sal.

Llevamos las lentejas a ebullición, bajamos el fuego y las dejamos hacerse 20 minutos a fuego medio.

Mientras tanto, vamos a preparar las especias. En el mortero, ponemos jengibre, ajo, semillas de cilantro [o cilantro en polvo si tienes] y comino en polvo, y lo majamos hasta tener una pasta densa y más o menos homogénea. A esta pasta añadimos 3 cucharadas de agua, y lo mezclamos bien. La reservamos.



Picamos la cebolla muy menuda, y el tomate en daditos pequeños. Es importante que lo tengamos preparado, vamos a ir rápido ahora.

En una sartén ponemos dos cucharadas de aceite, y añadimos las semillas de comino. Al cabo de solo 5 segundos, incorporamos la cebolla, y lo dejamos pochar unos dos o tres minutos. Añadimos en este momento la pasta de especias, dejamos evaporar el líquido [uno o dos minutos más] y por último incorporamos el tomate. Lo dejamos 5 minutos, retiramos del fuego y reservamos.



Nos queda un ratito para que las lentejas cumplan sus 20 minutos, así que vamos a preparar las verduras. Limpiamos y cortamos en tiras delgadas las judías verdes y la col, y en bastoncitos o dados la zanahoria. En las fotos podéis ver como he cortado todo, es importante para que el resultado sea el que queremos, que cortemos todo menudo, o parecerá un potaje de verduras con lentejas por medio, en lugar de un curry. Dedícale un ratito a cortarlo bien!

Preparamos un puñado de cilantro fresco: Retiramos los tallos y picamos las hojas.

 
 

En cuanto terminen los 20 primeros minutos de las lentejas, incorporamos a la olla todas las verduras y el cilantro fresco, la cayena si vamos a usar, y lo volvemos a poner al fuego 15 minutos más. Y no, todavía no ponemos sal.

Al cabo de estos 15 minutos, incorporamos a la olla las verduras que teníamos en la sartén [cebolla, tomate, y pasta de especias ¿las recuerdas?], y salamos sólo después de haber probado el caldo para no pasarnos, porque es un guiso muy sabroso, y lo dejamos otros 5 minutos moviendo suavemente la olla para que los sabores se integren.

Finalizamos espolvoreando cilantro fresco sobre el plato en el momento de servirlo.